sábado, 12 de marzo de 2011

Una ciudad que se ahoga

Podemos entrar en debates sobre lo que cada uno de nosotros haríamos en nuestra ciudad. Que iniciativas tomaríamos en el caso de obstentar alguna responsabilidad política en el ámbito municipal. Seguro que todos tenemos alguna idea brillante que sería bien vista por los demás ciudadanos. Eso está claro.

Pero desde luego,donde no hay debate y es algo objetivo, son los datos que rodean a una ciudad acorralada por el poder local, que se instauró en la ciudad desde hace muchos años, en los que dejan muy claro el retroceso social y económico de una ciudad históricamente pujante y dinámica.

Santander está secuestrada por un poder que ha instaurado una foto inmóvil, impasible al tiempo, a los cambios, a la competencia global, que está llevando a la muerte paulatina de una ciudad que reúne todas los recursos y condiciones para liderar un modelo de ciudad que nazca de las propias realidades de los ciudadanos y la coloque en la modernidad, vanguardismo y en el bienestar social, ambiental y económico.

La falta de un proyecto de ciudad que se plasme en un modelo participativo y constructivo recae en la falta de un liderazgo político que la ciudad viene arrastrando desde hace muchos años. Llevamos arrastrando la persecuación de convertir a Santander en una simple ciudad  de postal, bonita, agradable para veranear, olvidando a los ciudadanos que convivimos aquí, que tenemos que estudiar, trabajar y desarrollar nuestra vida personal y social en la ciudad en la que nacimos.

El resultado de la falta de liderazgo político nos ha llevado a una ciudad gris, carente de competencia, de dinamismo, de protagonismo, anclada en su historia que abandona la necesidad de escribir su futuro. Una ciudad que pierde jóvenes, que echa a los mayores,  que no hay oportunidades para desarrollar tu vida laboral y social, donde no existe atractivos culturales, donde emanciparte es sinómimo de exiliarte a otros municipios. No es la ciudad en la que creo.

Creo por tanto en la necesidad imperiosa de un cambio social y político que dé un giro estratégico y de fondo a una ciudad que lo necesita y que permita a los santanderinos quedarnos en la ciudad que nacimos y crecimos.


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